Minientrada

Insomnio

Suelo sufrir de insomnio ocasional.

De vez en cuando me duermo un par de horas y me despierto en mitad de la noche sobrevenido por pensamientos que parecen no abandonarme ni en mis sueños.  Hay veces en las que me despierto sudando y otras me descubro con los ojos abiertos de par en par como si realmente no me hubiera dormido en ningún momento.

Ya no puedo volver a dormirme.
Leo; paso las páginas y me doy cuenta de que no me estoy enterando de nada.
Como; voy a la cocina y como algo, no obstante en estos casos me resulta difícil saber que llevarme a la boca; Me debato entre algo que me apetece pero, o no lo tengo o hay que invertir mucho tiempo en prepararlo o pienso si va a sentarme bien a esas horas. Al final opto por la sencillez, fruta, cereales o comida del día anterior. Ya con el estómago lleno me lavo los dientes y vuelvo a la cama para leer un poco más, eso sí, todavía con el sabor en la boca del tentempié nocturno confundiéndose con el de la pasta de dientes. Me he comido un plátano y el el regusto con la menta del dentífrico es curioso, entre agradable y raro, químico.

Nada, sigo sin poder pegar ojo. Tampoco es que haya algo en concreto que me mantenga en vela. No hay una razón clara y obvia a la que culpar y en la que pueda pueda ponerme a trabajar ya mismo para intentar resolverla; Supongo que es un cúmulo de situaciones, la aclimatación a la insatisfacción, el imaginarme en mil escenarios distintos tanto posibles como menos factibles, las dudas, los miedos, los engaños, las realidades y las posibilidades. Dije que no había nada en concreto, no que no hubiera nada. Aunque en verdad no necesito gran cosa para tener la mente ocupada, incluso cuando pienso que la tengo en blanco, ahí están ellos, haciendo con mi coco lo que un niño con su dedo en la nariz.

Desespera ver cómo pasan las horas; primero lentamente, luego deprisa y lentamente otra vez. Una de dos, o mañana trabajo y voy a ir sin dormir o tengo el día libre y me voy a perder toda la mañana en la cama.

Artillería pesada; Me lío un porro de hachís, la marihuana me deja KO pero es una sustancia que por lo general incrementa mi vigilia; Preparo también una infusión relajante a base de tila, azahar, hierba luisa y melisa. La masturbación a veces ayuda pero son muchas las veces en las que pierdo más tiempo preparándome para ello que en lo que es el acto en sí.

Vuelvo a lavarme los dientes. Me sumerjo en la cama y me conecto el mp3, a ser posible con música relajante pero puedo hacerlo perfectamente con death metal.
Estoy a oscuras y sigo con la cabeza burbujeante. Intento no pensar en nada pero el tren de ideas que circula por mis neuronas es tedioso y parece no acabar nunca. Hasta que llegado el momento, sin previo aviso, cual mamada en la adolescencia, el blancor del sueño me inunda.

Te levantas hecho mierda, no recuerdas muy bien que fue exactamente lo que ayer te mantuvo en vela pero sabes que siguen ahí, contigo, y que no van a dejarte sólo, aunque son ellos los que ahora duermen.
Quizás un día desaparezcan, espero estar dormido cuando eso ocurra.

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De sombras y verdades

Luz, luz y la tremenda manía de llamar a la verdad luz.

Arrojar luz sobre la oscuridad como el que vierte blanca leche sobre negro café, como el que enciende una vela en una lóbrega habitación o una linterna en un negro bosque. Las cosas que ves al iluminar un sitio ya estaban antes de que pudieras verlas.

La luz es quien te da las sombras y puede llevarte a engaños. Si alguien quiere deshacerse de la curiosidad del gato que le alumbre a la cara para cegarlo pero que no apague las luces, pues la curiosidad tiene visión felina.

Un secreto dura más tiempo a la luz que en la penumbra, es dónde más brilla dónde mejor puede uno esconderse, y dónde la tiniebla es más densa dónde puedes ser tú mismo.

Es la oscuridad la más sincera expresión de honestidad, en dónde las personas se atreven a hacer lo que realmente les gustaría hacer.

El lobo sin luna

Una pareja de lobos corre a toda prisa por un valle que parece no tener fin; oscuro casi negro, como bañado en tinta que absorbe la pálida luz que refleja la luna envuelta en nubes.

Las cuatro patas del lobo golpean el suelo con fuerza pero se detiene cada varios metros para esperar y ayudar a su compañera. Desde que salieron del bosque fue aminorando el ritmo y conforme ascendía por la ladera de la montaña se podía oír como su respiración se aceleraba al tiempo que sus pasos se debilitaban.

El lobo la miraba con sus ojos anaranjados y la empujaba con el hocico intentando animarla a continuar, pero la loba estaba exhausta y cada paso que daba le suponía un gran esfuerzo.

 

Una luz amarilla que salía de entre los árboles empezaba a acercárseles como una gran mancha de aceite. El lobo volvió a mirar a la loba, los ojos azules de ésta se veían cansados y con miedo pero en un arranque de energía comenzó a correr ladera arriba mientras su pareja permaneció inmóvil dejando que la luz amarilla lo bañara de cuerpo entero.

Al otro extremo de la luz había dos hombres armados con rifles. Uno de ellos apuntó al lobo cerrando un ojo para poder ver a través de la mirilla de su arma.

Los ojos del lobo se veían ahora dorados y sus fauces cerradas se abrieron mostrando solamente los grandes y blancos colmillos. El hombre que le apuntaba volvió a abrir el ojo que tenía cerrado y apartó lentamente la cara del rifle, impactado ante la presencia de la enorme bestia que tenía delante.

De repente un perro se abalanzó sobre el lobo arañándole la cara con una pata pero en un segundo el lobo lo agarró del cuello con sus poderosas mandíbulas cerrándolas a cal y canto y desgarrándole la yugular en el acto.

Sin parar ni un momento corrió hacia el cazador que le apuntaba y saltando sobre él le mordió en el brazo.

 

Un estruendo retumbó en todo el valle golpeando las paredes de la montaña y parando en seco a loba que hasta entonces corría sin mirar atrás. Reanudó la marcha y llegando a un risco elevado vio una cueva junto a una cascada que caía desde la cima de la montaña. Una vez estuvo dentro se tumbó de lado totalmente desfallecida y sin aliento.

La cascada producía un sonido sordo dentro de la cueva que relajaba en cierto modo a la loba y pausaba sus fuertes respiraciones. Dejó de respirar en seco y levantando la cabeza con las orejas tiesas se quedó mirando la entrada de la cueva.

Era el lobo quién la alertó, con la boca llena de sangre y un profundo corte en el lomo producido por un fallido disparo de bala.

Se tumbó frente a ella tan cerca que sus respiraciones se fundían en una y mientras la loba le lamía la cara el lobo cerraba los ojos; se podría decir que incluso se le veía sonreír. Al poco, la loba paró de lamer a su compañero y empezó a gimotear y gruñir de dolor, inmediatamente el lobo se levantó y miró cómo daba a luz a tres lobeznos, uno negro, uno blanco y otro gris.

El lobo acercó los cachorros a la madre para que los limpiase y amamantase y volvió a tumbarse a su lado.

La loba fue entrando en un profundo sueño, tan agotada por el tremendo esfuerzo al que había sometido a su cuerpo que cuando cerraba los ojos sólo podía sentir a sus crías pegadas a su cuerpo, llenándola de un calor que jamás había sentido. Se veía a sí misma corriendo por un verde valle, totalmente iluminado y lleno de color, como si la primavera hubiese explotado sobre aquél lugar. Los tres lobeznos jugaban a perseguirse y cuando veían a su padre echado sobre la hierba corrían a morderle las orejas.

 

Pero no había verdes prados ni colores vivos, sólo roca fría y gris que servía como lecho en aquella negra noche.

El lobo la miraba, como si supiera que ya nunca más abriría los ojos.

Se estaba yendo mientras alimentaba a sus cachorros, y exhaló su último aliento entregándoselo en boca a su inseparable compañero.

 

Se levantó el lobo y salió de la cueva asomándose al risco que presidía la montaña como si de un balcón se tratara, se sentó sobre sus patas traseras y comenzó a aullarle a la luna, todavía cubierta por densas nubes negras.

No paró de aullar una y otra vez y las nubes fueron desprendiéndose de la luna como si en verdad hubieran estado envolviéndola como a un bebé en una cuna. Finalmente una grandísima y redonda luna plateada quedó al descubierto iluminando toda la montaña, pero el lobo no dejó de aullar.

 

Tal era la profundidad de sus aullidos que podían oírse desde lo más bajo del valle hasta la cima de la montaña, incluso con el ruido de la cascada que hacía de orquesta a su triste canto.

También los cazadores lo oyeron, y siguiendo el rastro de sangre que el animal había ido dejando no les fue difícil encontrarle. Una vez lo tuvieron a tiro, el cazador que no estaba herido apuntó al gran lobo y sin respirar aguardó unos segundos para calmar su pulso.

Apretó el gatillo y la bala recorrió los escasos cincuenta metros que separaban al hombre de la bestia en menos de un segundo, atravesando la garganta del lobo y cortándole en seco el aullido y despeñándolo por el risco hasta caer al río donde la cascada rompía con suma fuerza.

Cuando los dos hombres se adentraron en la cueva para buscar a la hembra vieron que estaba tumbada sin gesticular lo más mínimo mientras dos lobeznos mamaban de ella. En seguida se dieron cuenta de que estaba muerta. Uno de ellos agarró a los pequeños y abandonando el cuerpo de la madre se marcharon por donde habían venido, sin ni tan siquiera llevársela para obtener su piel.

 

El lobezno gris, que se había quedado dormido entre las patas de su madre, se despertó y anduvo, ciego y sordo, solamente guiado por un incipiente olfato, hasta los senos de su madre para volver a alimentarse, pero… ¿por cuánto tiempo?

Abrir una ventana

Después de llevar bastante tiempo escribiendo cosas sin sentido y sin saber dónde las voy dejando, he decidido asomarme a esta ventana quizás para liberar algo de carga y también dejar pasar por ella a todo aquel que tenga curiosidad.

Diversas motivaciones me han ayudado a tomar esta decisión, de carácter interno, por supuesto, y también de flujo externo, ¡gracias Cris! siempre me has animado a escribir y has sabido escuchar y leer todo las rarezas que salían de mi cabeza.

Poco a poco iré subiendo cosillas,  no se limitarán a la escritura y quiero que sea algo dinámico y recíproco, así que no os cortéis con lo que tengáis que decir.

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